miércoles, 12 de febrero de 2014

La gran pesca

Viajar al caribe es para todos sinónimo de mar, playa, calor intenso y con algo de suerte, se puede uno encontrar con la añorada brisa. El jueves pasado visite la bahía de Taganga que esta ubicada a 20 minutos de Santa Marta. Es un lugar increíble para descansar, comer rico y rumbear. Todo esto ya lo había vivido en viajes anteriores, pero esta vez sucedió algo que me dejo atónito, por eso mi experiencia culinaria es mas bien una historia de las que poco se escuchan por este mundo tan inclinado al egoísmo.
Caía la tarde y regresábamos de una caminata a la playa de los pescadores, cuando vimos un gentio alrededor de los botes que llegaban a la bahía, nos acercamos con curiosidad y vimos que de las barcazas sacaban pescado en cantidades asombrosas y lo iban llevando en redes, bolsas, y como se podía hasta la calle. Un chico bogotano que venia con los pescadores nos contó que habían sacado mas de 2000 atunes y ya que no lo podían almacenar ni vender todo, lo estaban regalando, si, así es, atún fresco gratis a quien lo quisiera. Nuestro nuevo amigo ya tenia una docena en su poder, así que nos invito a su casa a cenar. Obviamente aceptamos sin objeción; propusimos una ensalada para acompañarlo y fuimos a cocinar aquellas bellezas. No quisiera ahondar en las minucias de aquella preparación, pues de seguro abriría el apetito de mas de un lector; basta con decir que algunos de los pescados los cocinamos a las brasas y otros con brandy en rodajas, salteados en un caldero. Cabe anotar también que el atún se puede comer bien fresco y tiene un sabor único que jamas encontraremos en una lata del mercado.
 Pero aun faltaba mas, ya que después de la comida bajamos nuevamente a la playa, y oh sorpresa la nuestra cuando vimos que los pescadores habían improvisado un fuego y estaban asando pescado para todos al calor de unos tragos y sones de varios músicos locales y foráneos que se habían animado a componer la fiesta. Había en el ambiente una fraternidad extraña, como si un recuerdo de tiempos pasados en que todos compartían lo poco y lo mucho resurgiera en aquel momento. Hicimos algunos amigos aquella noche, y nos fuimos a dormir luego de que la luna se oculto tras el mar mas roja que nunca, estábamos barrigones, ebrios de sonrisas y de ron, sintiéndonos dichosos de hacer parte de aquel pedacito de felicidad  que vivimos junto con aquellos pescadores tradicionales, poco acostumbrados ya a faenas tan provechosas, pues las aguas que antes les daban el sustento ahora padecen niveles de contaminación absurdos, que amenazan uno de los ecosistemas mas ricos y diversos del caribe.

Les quedo debiendo las fotos ya que mi amiga aun no ha regresado y en su camara esta el registro.

Gustavo Rodriguez.


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